martes, 12 de enero de 2016



Un sendero lujurioso se volvía su piel
cuando pensaba en él... Sus hombros
se encogían con una mueca fría,
como cuando un escalofrío nos invade
haciéndonos temblequear.

EL DESEO DE NORA

Nora es dueña de una empresa de materiales para la construcción. Su vida
no le es fácil, se había divorciado hace pocos meses, su divorcio fue bastante
conflictivo, pero ahora era libre, aunque a veces extrañaba aquellos días de
recién casada en donde fue realmente feliz.
No puede quedar embarazada, sufre de obstrucción de las trompas de falopio,
esto hace solitaria su vida, ella siempre deseo tener una familia numerosa.
Con el paso del tiempo se volvió melancólica, se deprimía muy fácilmente
esto la llevaba a encerrarse en ella misma semanas enteras. Está melancolía
fue uno de los motivos de su divorcio. Amaba a su marido, nunca le había
sido infiel ni siquiera pensó en otro hombre cuando estaba con Eduardo
siempre lo adoró, desde el primer día que lo conoció, en una fiesta de año nuevo
en la casa de su hermana.
Pero ahora está sola y ya no se deprime como antes, la melancolía la visita
de vez en cuando.
Nora es una mujer exuberante, dueña de una simpatía natural, pero con caracter
frontal y justa, una buena mujer, muy querida por sus amistades.
Una mañana mientras estaba sentada en su oficina revisando papeles y sacando
cuentas con su vieja calculadora vio por su ventana un hombre, quien robo su atención al instante...
Dejo lo que estaba haciendo, se levanto y apoyando sus manos en el vidrio espejado
de su ventana observó detalladamente aquel cuerpo fornido que levantaba bolsas
de cemento y las subía a un gran camión de carga en el cual había llegado.
Sintió deseos y su sexo se humedeció...Recordó a Eduardo y las noches en que hacían
el amor...Su piel se erizo en segundos, su ropa interior la incomodaba, su vagina se
contraía una y otra vez...Soltó su cabello el cual traía sujetado por un broche de
plástico rojo... Puso el cerrojo a la puerta, descolgó el teléfono para no ser interrumpida.
Desabrochó el botón de su pantalón el cual sutilmente se deslizo por sus piernas
hasta llegar a tocar el negro y brillante parquet ...Bajo su braga negra y volviendo la vista a
aquel hombre de brazos grandes y espaldas anchas se hizo el amor lentamente...
Su rostro sufrió la metamorfosis sexual que ocurre cuando la carne se funde en el fuego
vivo del éxtasis... Sus pechos fueron cambiando lentamente
sus pezones rígidos y duros gradualmente aumentaban su tamaño , las aureolas se
oscurecieron... La excitación va en aumento.
Totalmente entregada a sus morbosos pensamientos, sus dedos tocaron sus labios vaginales
cuales se abrieron plácidamente permitiendo que sus dedos entrasen y saliesen
de aquella profundidad húmeda y ardiente...  Nora ajena al mundo esa mañana,
se masturbaba ,como lo hace cada noche en su cama, con espaldar de madera finamente torneada...

J ALBERTO ARÉVALO ESCRITOR




Sale de la oficina a la misma hora que de costumbre, se dirige hacia el auto que
está en estacionamiento del edificio, llega a su vehículo, abre su bolso saca un
manojo de llaves y abre la puerta,una vez dentro del auto y con las manos en
el volante se queda mirando fijamente la nada, sus ojos no parpadean.


  CLARA



Clara es una mujer de una belleza singular , su rostro moreno, con grandes ojos
cafés, cejas arqueadas muy bien delineadas, con una sonrisa encantadora, sus labios
gruesos y carnosos dejan al descubierto una dentadura perfecta.Largos cabellos
erizados cubren sus hombros sensualmente, sus pechos redondeados y exorbitantes
de grande pezones, su abdomen trabajado y hermoso,cintura perfecta, su trasero
firme y colosal, piernas esculpidas, sensuales como ninguna. Pasa horas en el gimnasio,
después del trabajo, su cuerpo reclama atención.
Es una mujer dulce, delicada, divertida, no tiene problemas con nadie, ni prejuicios
de ninguna clase, no fuma ni toma alcohol , le gusta leer a Cortazár, en el silencio de
su habitación, desnuda sobre las suaves sábanas de su cama , es verano hace calor,
una hoja del ventanal a medio abrir, un suave viento entra y acaricia su piel. Su lectura
la envuelve, penetra su ser, sus ojos fijos en las letras , su reloj avanza lentamente,
ni un murmullo, nada se mueve ni siquiera las negras cortinas de su ventanal.
No tiene novio, nunca se caso, no le gustan los compromisos, ni tener que andar explicando
lo que hace y lo que no.
Hace mucho tiempo que no está con un hombre, que no siente el aliento de él en su cuello,
ni su miembro penetrándola, hace mucho que no deshace un nudo de corbata, ni desabrocha botones de camisa, ni le quitan a ella su sostén mientras le acarician su morena piel, suavemente como a ella tanto la enloquece, hace mucho que no siente el pesado cuerpo de un hombre sobre el suyo, ni lamen su vagina, ni muerden sus pezones, ni la obligan a hacer lo que no quiere, hace tiempo  que las llamas del placer no queman su piel, ni huele el dulce nectar que tanto la enciende, hace tiempo que nadie besa sus labios apasionadamente descubriéndola, despojándola de ropas y de inhibiciones.
Clara deja su libro al costado de su cuerpo desnudo, cierra sus ojos, muerde sus labios, lleva sus manos hacia su vientre, rosa su clítoris ,gime ,sus piernas se apartan una de la otra, sus sábanas se humedecen con el sudor de su cuerpo jadeante, la sed y el apetito rompen el silencio, mientras el viento fresco de la madrugada besa sutilmente un negro y enorme dildo que espera pacientemente las manos húmedas de Clara...


J ALBERTO ARÉVALO ESCRITOR.