miércoles, 27 de abril de 2016

EL REENCUENTRO
Se acerco a ella , y entre risas le dijo que la amaba. Le tomó la mano y en sus labios dejo la muestra de su amor. Luego de unos segundos la reconciliación estaba dada.Juntos se fueron a caminar, el aire fresco entibio la piel y en ella los deseo
se fueron encendiendo. A unas cuadras de ahí, los esperaba una habitación de un pequeño hotel alejado de la ciudad.
Al llegar a la habitación ambos se besaron y acariciaron en medio de un incipiente abismo de deseos. Sus labios se rozaban, se tentaban, se provocaban. La necesidad se apoderó de ellos. Los besos eran profundos y salvajes .Las caricias no se hicieron esperar. Él tocaba cada milímetro del cuerpo de ella, mientras se sus lenguas se entrelazaban en un beso infinito.
Con las piernas lo aprisionó, implorándole que le diera lo que ella necesitaba de él en su interior . No esperó mucho para sucumbir a los deseos de la mujer. Con la desesperación imperante, bajo sus braga y la toco en toda su extensión. Estaba húmeda para él
El olor que emanaba el vientre lo volvía una fiera que de apoco iba mostrando su verdadero ser...Su lengua se adueño de aquella fogosa parte de su amada que en gestos de placer acariciaba sutilmente los cabellos de él, que plácidamente jugaba en su vientre, una y otra vez lamía con esmero y codicia el clítoris que a esa altura ya había aumentado de tamaño considerablemente.
A medida que las horas pasaban , los cuerpos iban aumentando la intensidad de sus actos. Él en un instante de locura, tomo las piernas de ella y beso cada parte, hasta llegar a sus pies, en donde lamió uno a uno los dedos con uñas pintadas pintadas de su amor.
Ella gemía de placer. Le daba el éxtasis más perfecto. Ahora quería saborearlo a él, tenerlo en su boca.

-Ven -le dijo.- Te necesito conmigo.

Él no esperó, fue a su encuentro. Ella lo besó con pasión, sin pudor alguno. Fue bajando por su pecho, mordiendo cada parte, sus tetillas. El gemía de placer, su cuerpo se estremecía, al igual que el de ella.
Recorrerlo era excitante. Paso su lengua por su abdomen, sus labios. Era fuerte. Bajo más todavía por su pubis. La expectación de él y el deseo era incontenibles.
-Sí, preciosa. Me gusta- Exclamó él
Ella arremetió contra su hombría. La tomó entre su boca y empezó a la merlo suave, chuparlo de a poco, como su fuera su intimidad la que lo tuviera preso .
Ahh...Decía él ,quien cerrando los ojos exploraba las llamas del averno que allí mismo se estaba desatando y el cual los estaba consumiendo.
.
Ella lamia y mordía el miembro con fuerzas, luego lo besaba y lo sentía latir en su boca, en la profundidad de su boca....Sus dientes aferraban la carne que necesitada de saliva se iba agrandando cada vez más.
La mujer era buena en lo que hacía. Su amor por él le enseño a complacerlo . No hay inhibiciones cuando dos cuerpos que se aman se hacen el amor.
las llamas aumentaban, la piel sudaban deseos y él tomándola de los cabellos apretaba su vientre contra su boca, mientras ella lo miraba y en sus ojos el placer renacía en cada succión.
El disfrute era total. A él lo estaba volviendo loco. Ella sentía como su miembro se iba haciendo más grande, más duro. Sabia que estaba a punto de explotar para ella. Quería verlo, saborearlo. Pero su amante no tenia la misma idea
Salio de su boca, tomo sus caderas y la coloco en el sofá, mostrándole sus glúteos. El acariciaba, miraba, besaba y lamía.
Ella no iba a aguantar mucho más. Cuando un dedo entro en su interior, su orgasmo la hizo desplomarse en el instante.
El la tomo de las caderas, y entró, la penetro, como tanto ella había pedido. El grito de dolor y excitación lo hizo más loco.  Sus caderas empezaron a moverse como locas, el tiempo ya no existía , en sus venas la pasión vencía todo limite.
Entraba y salía, una y otra vez. Ella recuperada, se movía al ritmo de el, dándose placer.
De pronto, el la toma por el pelo, la penetro con más fuerza, golpeando bruscamente contra sus glúteos. Ella quiere quejarse del dolor, pero no puede. Es sabroso ese dolor, soportable y necesario. Ella era de él y podía hacer con ella lo que le placiera.
Abrió más las piernas para que el pudiera entrar a su gusto, aunque eso significa más profundidad. Eso era lo que necesitaba y él también

-Así, así, cariño. Ábrete para mí-- Decía el hombre bañado en sudor.

Escucharlo la volvía loca. Su cuerpo iba contra de él, invitándole a destrozarla y hacerla gozar.
Los gritos de ella eran música para él. En pocos minutos más, los dos llegan al clímax, ;se corren al mismo tiempo.
De ellas brotan jugos, testigos de su placer, mientras que se diluyen en la virilidad de él derramada en su explosión de placer.

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