jueves, 14 de julio de 2016
LA OTRA ELLA Y YO
Caminaba por las calles, la noche era fría. Nada tenía en
mente. Las luces de las marquesinas vestían la apaciguada noche,
casi con melancolía.
Prendí un cigarrillo, metí una mano en el bolsillo de mi viejo
gabán... Un maullido de gato se escuchó a lo lejos.
Mire la hora en el inmenso reloj de la catedral que está ubicada
en medio de la plaza central. Es una de las pocas catedrales originales
que aún queda en pie. El siglo IV fue el apogeo del arte Bizantino , el
cual fue un verdadero arte del tallado y la escultura, lo amo...En fin.
Caminaba, sin rumbo, perdido en mi miserable vida. Todo iba ocurriendo
con calma, la noche , el silencio a veces interrumpido por un rodar de auto,
o alguna risa de algún borracho saliendo de un bar...Después nuevamente el silencio.
Me detuve en un cruce, el semaforo estaba en rojo .Un colectivo, traspaso
tristemente el silencio y se perdió a lo lejos.
Cuando estoy por cruzar la calle, algo llamó mi atención. A metros, una mujer
fumaba bajo de una tenue luz de una farola.
Su cigarrillo se encendía en cada pitada, como una pequeña luciernaga perdida
en un gran laberinto.
Mi curiosidad pudo más y lentamente me fui aproximando hacia ella.
A medida que me acercaba, mi cuerpo sentía una extraña sensación, una
especie de dejavu . Algo había en el aire, un olor extraño pero familiar
al mismo tiempo, que me iba sometiendo a su capricho.
La mujer, vestía una pequeña falda, una remera blanca con gran escote.
Usaba zapatos de gran plataforma que la hacía ver aún más alta de lo que
verdaderamente era. Sus cabellos rubios le llegaban al hombro y caían por
el , (cómo caen las cascadas de aguas, cristalinas y puras, en medio de la nada,
en medio del silencio de un edén nunca antes explorado ) hasta llegar a sus
caderas. Unos grande aretes prendían de sus oídos y se balanceaban lentamente
como sutiles hojas de árboles en un otoño muerto.
Su rostro. Su rostro tenía el llanto escondido y el miedo de lo prohibido.
Su belleza estaba oculta detrás de un duro caparazón de maquillaje ( A veces, usamos
máscaras para pasar desapercibidos, ante ellos, ante los que juzgan sin razón ).
-- ¡ Hola, buenas noche !-- Dije mirándola a los ojos .El humo de mi aliento recorrió
el hierro oxidado que sostenía la farola fundiéndose en la tenue y blanca luz .
Me miró,algo sobresaltada, ( Como si me conociera de antes ) exhaló el humo del
cigarrillo , miró la colilla y la dejó caer . El cuerpo amarillento golpeó el piso y desangró
un último destello de vida, después la noche.
-- ¡ Hola !...¿ Buscas diversión ?. ¡ Buenas noches...Sí, buenas ...! ---
Un suave viento rozó sus mejillas. La fragilidad a flor de piel.
-- La verdad , solo paseaba. Pero --
--¿ Pero ? . Cariño , no me hagas perder el tiempo...¡ Sí !--
Su mirada golpeó débilmente mis ojos y una pequeña sonrisa dibujó sus labios.
-- Bueno, entonces ...¿ A dónde vamos ?. ¡Me imagino no lo haremos acá ! ¿ O sí ?--
-- Cariño, ¿Cómo te llamas ?--
-- Luis , pero mis amigos me dicen ...--
-- Cariño, no quiero saber tu sobrenombre...¿Ahora, sabes que mi tiempo tiene precio ?--
--No me subestimes... ¿ Entonces a dónde vamos ?--
Tomo mis manos y nos alejamos de aquel lugar. Caminamos por unos minutos, sin
decir una palabra. Yo pensaba en ella, la otra, la que amaba y ella...Bueno, ella tenía
el dolor de la última copa de vino dibujado en su rostro.
De repente se detuvo. Un angosto pasillo dejaba paso a una puerta en medio de otras dos.
-- ¿ Entramos ?--
Titubee por unos segundos. La calle estaba muerta. El olor del silencio me acobardó
por un momento. Una sirena de ambulancia rompió la paz .Un perro flaco y hambriento
cruzaba la calle...
-- Entremos. ¿Perdón, no sé aún tu nombre ? --
-- Cariño, mi nombre no importa. Por favor ,no te enamores...--
Esa última frase, se hundió en mi pecho , un surco abrió mi carne y el dolor
del olvido me apuñaló impiadosamente.
--Amor, no vine a enamorarme, solo paseaba ---
-- Jjajaaa...Cariño, la vida es un paseo. Paciemos entonces--
Cruzamos el pasillo....Ella , me debía estar esperando. Seguro, ya se había bañado
y terminado de hacer la cena. Después se sentaría al frente del hogar ...
Una vez adentro, el juego dio comienzo. El ritual de la carne doblego mis pensamientos.
Era infiel, yo le era infiel y me dolía y me atormentaba. Pero el tormento me excitaba y
la culpa se volvió un deseo feroz.
Se desnudó y en su desnudez la vida parecía menos dolorosa.
Abrace su cuerpo, bese su cuello, lamí sus orejas y baje a sus pechos.
Ella , cerró sus ojos y se dejó llevar .
Su piel, suave y perfumada me enveneba , me iba matando de apoco. Sus manos acariciaban
mi espalda, por momentos sus uñas rasgaban mi piel..
Recorrí todo su cuerpo, ame cada lunar, cada centímetro de su ser.
Robe sus murmullos y recogi su nectar en mis labios.
Los minutos pasaban. La circulación sanguínea, aumentaba su ritmo. Se hincharon las
venas y el vaivén de nuestros vientres encendieron la noche.
De pronto una explosión de gemidos, el sudor corriendo por los cuerpos, no había
razones, el instinto animal no sabe de racionalidad...
Su voz , un hilo de reproches, el egoísmo y la codicia se iban adueñando de nosotros.
Nos apresaban, nos condenaban a morir en el goce más hermoso.
Luego, cuando todo se aplaco y la calma volvió a reinar, nos volvimos humanos
nuevamente . Ella en mi pecho, yo mirando la nada...Ella, me estaba esperando.
Cuando salí de aquel pasillo, la culpa volvió a lastimarme. La miseria volvía a mi
cuerpo, de apco, en silencio...
Al llegar a casa, ella me esperaba, sentada frente al hogar. La llama se meneaba
de un lado a otro, pequeñas chispas salían escupidas , y con ellas la soledad de la
rutina.
-- Amor-- Dijo la mujer que amaba -- Esta noche, la he pasado bien --
-- Nunca la he pasado mejor--Respondí
-- Carino...Solo no te enamores de ella...Por favor guarda el auto. Lo he dejado en la vereda.
Mañana, a la noche lo volveré a manejar --
Mientras abría la puerta del auto, note sobre el asiento trasero unos zapatos negros
con una gran y dulce plataforma---
JUAN ARÉVALO.
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